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CÓMO PONER LÍMITES A LOS NIÑOS

¡No te pases de la raya!

Los límites nos cuidan y nos protegen.

Si permitimos que el niño haga lo que quiera cuando lo desee, le dejamos creerse la falsa idea de que puede todo aquello que quiere.

La clave del límite está en la coherencia interna que tiene para aquel que la pone.

Una de las premisas a la hora de hablar de límites en la relación padres e hijos, es señalar que estos los ponen los adultos. Por tanto, son los padres aquellos responsables de poner los límites a sus hijos.

A la hora de establecer limites, los padres han de pensar porqué quieren poner uno y no otro, y qué sentido tiene ponerlo.

Desde el nacimiento, el bebé está protegido por aquellos límites proporcionados por sus padres, a fin de garantizar su seguridad física y emocional. Si permitimos que los hijos hagan lo que quieren cuando lo deseen, además de engañarles, estaremos reforzando que se crean seres omnipotentes, y nos encontraremos ante niños y adolescente con tendencia a la tiranía, exigencia, mentira, y con dificultades en su gestión emocional, así como en sus habilidades sociales.

A tener en cuenta acerca de los límites:

1. Es importante diferenciar el autoritarismo de la autoridad. El temor a la norma, a la agresión verbal o incluso física “el cachete”, no son más que muestras de la impotencia y desesperación del adulto ante la dificultad para afirmar su autoridad.

2. Los límites no han de establecerse mediante pulsos: No es cuestión de quien gana, si no de si se aprende la importancia que tiene para el cuidado y protección de la persona.

3. Habrá que diferenciar entre límites:
a. Importantes:
Estas garantizan y refuerzan el valor del cuidado y de la protección personal física y emocional de uno mismo y de los demás. Se dicen una sola vez y no han de discutirse.
• Las que garanticen la protección física.
• El respeto generacional.
• El respeto por la vida en pareja y personal de los padres.
b. Significativos: Son aquellos que los padres deciden establecer en el sistema familiar a fin de que la convivencia sea agradable, y puedan servir como recursos referentes a sus hijos en otros ambientes y con otras personas. Ofrecen la posibilidad al niño de sentirse protagonista en la elección (autonomía) y asunción o negación (responsabilidad) de este, y sus consecuencias. No han de repetirse más de 3 veces y suele explicarse el porqué.
c. Consensuados: Aunque los ponen los padres, estos negociarán con sus hijos a fin de llegar a acuerdos positivos con implicaciones que ponen en valor la confianza.

4. El mensaje del límite debe:
a. Contener Firmeza y convicción.
b. Debe ser claro y concreto.
c. Mantenerse en el tiempo. Ha de ser inicialmente continuo y respetado por ambos padres, pero puede ser esporádicamente flexible a las necesidades y a los cambios.

5. El incumplimiento del límite no debe implicar el rechazo hacia el niño, sino hacia su comportamiento. Los padres han de dar respuesta cuando sus hijos se saltan el límite. El castigo debe diferenciarse de las consecuencias que tiene incumplir el límite en sí mismo y de la respuesta impulsiva parental.

6. El premio ayuda a repetir la pauta con mayor rapidez pero no conlleva la interiorización del fin en sí mismo, y despliega el recurso del chantaje o la coacción a corto y largo plazo. Se intenta por tanto de aprender a valorar el esfuerzo que conlleva el cuidado y la protección de uno mismo y disfrutar con ser capaz de hacerlo.

Los niños aprenden no solo por repetición, sino por aquello que les enseñamos con nuestro ejemplo. Acompañarlos y hacerlo juntos favorece la consistencia y la interiorización del límite como recurso fundamental en la construcción de la autonomía.

Almudena Del Olmo
Psicóloga General Sanitaria
M-23578
Dpto. Psicología Clínica EOS

Last modified on Martes, 15 Noviembre 2016 12:10