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Formación a padres y madres: se puede… ¿o se debe?

Leer detenidamente el contenido de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (Naciones Unidas, 1989) te lleva a que seas consciente, entre otras muchas cosas, de cómo una idea muy importante sobrevuela este tratado. Así, a medida que vas avanzando en la lectura de sus artículos, inevitablemente mana la siguiente conclusión: ¡todos los niños del planeta tienen derecho a ser educados por padres competentes, padres formados! Por tanto, no cualquier progenitor debería vincularse con el niño, solo aquellos que están preparados. En este sentido, te adentras en las entrañas del articulado y te encuentras cuestiones como que los padres tienen el deber de guiar a sus hijos. También hace referencia a que los niños tienen, entre otros, el derecho a crecer bien psicológica, física y socialmente, a recibir atención y protección necesaria para su bienestar y a desarrollar de modo íntegro y completo su propia personalidad. Sigues leyendo y tampoco puedes ignorar una cuestión muy importante, y es que este tratado nos indica que es necesario hacer conocer a todos los adultos del planeta lo que dice esta Convención. Por consiguiente, padres, educadores y políticos no deberían ser ajenos a su contenido.

He querido hacer referencia a esta Convención de Naciones Unidas con la finalidad de apuntalar y ensalzar la importancia que, a mi modo de ver, tiene la formación a madres y padres. Los progenitores deberíamos saber que no por adquirir la categoría de “padres” y “madres” estamos en el derecho de educar y vincularnos con nuestros hijos, según nos parezca, y en función de las ideas, representaciones, emociones y afectos que sostenemos y nos nutren. Hay unas directrices que hay que seguir y tomarse muy en serio. En efecto, Boris Cyrulnik, psiquiatra y psicoanalista francés, una de las referencias más lúcidas en el trabajo con la infancia, nos indica que “los recién nacidos no pueden ir a parar a ningún otro sitio que no sea la historia de sus padres” (2002, pág. 26). A la hora de educar y vincularnos con nuestros hijos, padres y madres cargamos con una mochila que alberga una historia con emociones y cogniciones, la cual hay que abrir y remover con amor, cariño y comprensión. Los hijos no eligen a sus padres, ni a su familia de origen, estos últimos nos tocan.

Los Grupos de Formación a madres y padres se constituyen en herramientas adecuadas para aprender a caminar por la senda de la parentalidad y marentalidad funcional. Sin embargo, creo que estos espacios de formación podrían exprimirse al máximo si además se pusiesen en práctica antes de que los hijos nazcan. Es ya durante el embarazo cuando se pueden (y se deben) trabajar con los futuros padres y madres aspectos relevantes en relación a la educación de sus hijos. “Asignaturas” y contenidos tales como Psicología del Desarrollo, el Apego (prenatal y postnatal) y la Gestión Emocional son en mi opinión imprescindibles en el trabajo con madres y padres “embarazados” en aras a preservar una adecuada autoestima y salud mental de los menores.

Sin ánimo de ser tachado como autoritario, creo que no es ninguna barbaridad reflexionar acerca de la obligatoriedad de estos espacios formativos a madres y padres. ¿Y por qué no implantarlos antes de que los niños nazcan, al igual que los cursos de preparación al parto? Hay que ser conscientes de que estamos hablando de salud mental, aspecto ineludible si aspiramos a conseguir un adecuado desarrollo de la sociedad en la que habitamos. Invertir en parentalidad y marentalidad es, a la larga, economizar. Los servicios sanitarios, conjuntamente con los dispositivos sociales, deberíamos conseguir la adecuada coordinación en aras a crear estas acciones formativas para los futuros progenitores.

Ya lo hemos apuntado anteriormente, UNICEF nos “avisa” de que todos los niños, sin excepción, tienen derecho a tener padres capaces y preparados. ¿No creen ustedes que esta “advertencia” se establece en una razón poderosa para pensar que ser padre y madre se constituyen en dimensiones del ser humano que no solo se pueden y son factibles de ser enseñadas, sino que además también deben ser educadas?

Referencias bibliográficas:

-Cyrulnik, B. (2002). Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Barcelona: Gedisa.

-Naciones Unidas (1989). Convención sobre los Derechos del Niño. Resolución de la Asamblea General 44/25, de 20 de Noviembre de 1989. Ginebra.

José Serrano Serrano.
Psicólogo Programa Atención a la Familia de Olivenza (Badajoz)
Profesor Asociado Universidad Extremadura.

Last modified on Martes, 15 Noviembre 2016 12:11