TELÉFONO: (+34) 915541204
Cesta0
Total:0,00 €
Su cesta de compra esta vacía!


¿Sabemos sembrar lo que queremos cosechar en nuestras aulas?

Cuando uno de nuestros estudiantes egresados universitarios, de cualquier licenciatura o grado científico, técnico o humanístico, incluso de magisterio, se plantea dedicarse a la docencia quizá la primera pregunta que debiera plantearse sea: ¿de todos los conocimientos que he adquirido en mi formación, cuáles me valen para trabajar con seres humanos en su periodo más sensible de formación? No se trata sólo de aquellos que empiezan a ejercer o que quieren ser docentes, sino de todos los que a día de hoy nos dedicamos a ello, los que día tras día entramos en aulas con el propósito de aportar algo al desarrollo y a la vida de nuestros alumnos. ¿Qué de todo lo que sé hacer puede ayudar al crecimiento de niños, adolescentes y jóvenes para que en el presente se desarrollen y aprendan sin traumas y para que en el futuro sean adultos, ciudadanos, sanos psicológicamente, equilibrados y adaptados?

En la inmensa mayoría de los casos la respuesta a esa pregunta es descorazonadora. Poco. O nada. Esta fue mi vivencia personal en mis primeros años de ejercicio y esta es la inquietud que encuentro, año tras año, en todos esos brillantes y súper formados jóvenes, ingenieros, arquitectos, informáticos, etc., que quieren ser docentes. Algo falla en el sistema cuando una vez acabado el periodo de formación uno siente que no está formado para aquello a lo que quiere dedicarse. Se hace necesario, por tanto, una auténtica revolución en la formación de los futuros docentes. Una revolución que contemple aspectos que hasta ahora no habían entrado en las aulas universitarias. El siglo XXI nos está trayendo nuevos problemas que no pueden ser resueltos con los viejos métodos, nuestros alumnos son otros, se comunican de otra manera, son distintos, conciben el mundo y a sí mismos de forma mucho más cambiante y flexible, tienen otras inquietudes y otras vías de obtener información. Ese fue el espíritu con el que arrancamos el Máster de profesor de secundaria en la Universidad de Valladolid y con el que seguimos trabajando día a día.

Ese también fue el espíritu con el que escribimos “Conduces tú. Coaching educativo: respirando el cambio”. Ante ese nuevo alumno hemos de poner un nuevo profesor, alguien con un rol radicalmente distinto del que tenía apenas hace unos años. Hoy el profesor ya no es un proveedor de conocimientos y contenidos, para eso ya tenemos muchas y más inagotables fuentes de datos, hoy ese profesor ha de ser un compañero, un guía, un apoyo, un “entrenador personal”. Tampoco la disciplina es hoy lo que fue en otros tiempos, la trasmisión de actitudes y valores ha de hacerse de otro modo, más grupal, más consensuada y colaborativa, más “vivida”. Eso, básicamente es el coaching educativo.

A nosotras nos gusta definirlo más como un planteamiento, una declaración de intenciones, que como una metodología. Tiene sus técnicas y herramientas, todas ellas flexibles y adaptables al contexto, al profesor y sobre todo al alumno, pero fundamentalmente consiste en un cambio de rol del profesor y en un cambio en la relación profesor/alumno. Podemos decir que es una metodología, pero es mucho más que eso.

El objetivo es que, se trate del contendido que se trate, asignatura, nivel o actividad, nuestros alumnos aprendan a autogestionarse, a hacer uso de su libertad y su creatividad con responsabilidad. Para ello nuestra primera obligación como docentes es procurarles un clima de aula que propicie el aprendizaje, un ambiente seguro en el que el error sea una oportunidad de aprendizaje y la evaluación un ejercicio más. No podemos pretender adultos responsables y libres si en su formación no se les dio la libertad necesaria para ejercitarse, para medir las propias fuerzas y los límites, los personales y los sociales. El autoconocimiento, el respeto al otro, el aprender a escuchar, la asertividad, la comunicación, la gestión emocional, las habilidades sociales, el crecimiento personal y grupal, todo ello es fundamental y se transversaliza en cada acción educativa de un profesor/coach.

“Conduces tú. Coaching educativo: respirando el cambio”, pretende ser una guía para ese cambio de posición del nuevo docente, una propuesta de ideas, un ejemplo, nunca un modelo, de cómo las cosas se pueden plantear y hacer de distinta manera, más adaptada, más flexible y más eficiente para nuestros alumnos. En él contamos docenas de experiencias personales, desde la primera persona, desde la emoción y el posterior análisis y cómo nuestros alumnos responden a esa nueva forma de hacer pero sobre todo cómo se sienten orgullosos de sí mismos y de lo conseguido, lo que equivale a decir más felices.

No inventamos nada, nos apoyamos en estudios contrastados y en teorías aceptadas de muy reconocidos estudiosos del tema. Pero destacamos por encima de otros la nueva aportación a la clasificación de las emociones de Roberto Aguado Romo, con toda su base neurocientífica. Hartas de estudiar textos de ilustres pensadores, sobre todo psicólogos, americanos, alemanes y/o franceses, nos sentimos muy orgullosas de que sea un compatriota de Talavera de la Reina nuestro guía y maestro.

Sembrar siempre es hacer un pacto con la incertidumbre, ¿brotará? Pero la siembra es fundamental, es la promesa de nueva vida y el abrir la puerta a nuevas oportunidades de ser. Sembremos, siempre sembremos.

Sonia Esteban y Pilar Martín

Last modified on Martes, 15 Noviembre 2016 12:10