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EL SUICIDIO ACTUAL de Julia Picazo

Es un hecho que en la actualidad de Occidente están teniendo lugar suicidios que hasta ahora eran poco conocidos y poco frecuentes, y que están dejando perpleja a la sociedad en general y a los investigadores en particular.

Uno de estos suicidios de nueva aparición de los que les voy a hablar a continuación es el que he denominado el “suicidio virtual narcisista”, que es aquel que se difunde en forma de espectáculo a través de los medios de comunicación de masas.

Un ejemplo sería el caso de Kurt Cobain, famoso cantante de la banda grunge Nirvana, que en el año 1994 se suicidó pegándose un tiro en su residencia de Seattle, y de cuyo cadáver se seguían publicando imágenes inéditas veintiún años después. O el de Tyler Clementi, estudiante universitario que en 2010 se arrojó desde el puente George Washington de Nueva York después de que su compañero de habitación difundiera un vídeo por internet en el que se le veía manteniendo una relación sexual con otro hombre, lo que dio lugar a un sinfín de manifestaciones públicas por parte de numerosas personas anónimas que, entre otros actos, acordaron a través de Facebook vestir una prenda morada por un día en señal de repulsa al acoso homofóbico, y de personajes archiconocidos como Hillary Clinton, Barack Obama, Elton John o Ricky Martin, que difundieron a través de la red mensajes de apoyo a las víctimas de situaciones similares. 

 Mi hipótesis es que este tipo de suicidios tiene que ver con las características de la postmodernidad, movimiento filosófico-cultural que surge en nuestra sociedad en la segunda mitad del siglo XX, y cuyas principales características son:

  • Existe una incredulidad frente a los grandes líderes políticos y a sus grandes relatos, y en contraposición se aboga por el intercambio subcultural y por el mensaje de pequeños ídolos en constante renovación.
  • Surge lo que Lipovetsky denominó la figura del neo-narciso, que es aquel que ha sufrido un excesivo proceso de personalización, y en el que prima el hedonismo sobre la conciencia social.
  • Se valora más la imagen que el contenido, lo que hace que esté tan de moda el fenómeno del “culto al cuerpo”, y que la vejez, la enfermedad y la muerte hayan adquirido a día de hoy significados tan peyorativos.

Sin embargo, para que tuviera lugar la condición postmoderna, fue necesario a su vez el desarrollo tecnológico y de los medios de comunicación, lo cual ha traído otra serie de consecuencias:

  • La fragilidad vincular, pues las redes sociales ofrecen y propician relaciones muy superficiales que se pueden cortar a discreción.
  • Se ha producido una colonización de la esfera privada por la pública, de manera que la intimidad se airea a través de webcams o de reality shows, que tienen tanto “tirón” porque los protagonistas son ciudadanos medios con los que al fin y al cabo nos sentimos identificados.
  • Existe una exacerbada representación de la atrocidad (imágenes violentas invaden continuamente nuestro campo visual a través de los telediarios, de los dispositivos móviles, de las vallas publicitarias…) como única manera ya de conmover al espectador postmoderno, que prácticamente todo lo ha visto y todo lo tiene.

Pues bien, es un hecho que la era postmoderna acentúa la sensación de irrealidad, el desarraigo ideológico, la fragilidad vincular, la sensación de soledad y el aislamiento social, factores todos ellos que de por sí aumentan el riesgo de suicidio. Pero si a esto le añadimos que el individuo ha sufrido un proceso de personalización caracterizado por la exaltación del yo, y que tiene a su alcance plataformas que utilizar para exhibirse, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que proliferen estos suicidios en forma de espectáculo.

El Suicidio Actual

Last modified on Lunes, 26 Junio 2017 10:35