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Adicciones


El problema de la drogodependencia se define como un hábito aprendido que se caracteriza por un estilo de vida centrado en la búsqueda y autoadministración de drogas y unas consecuencias negativas a nivel personal, social, familiar y fisiológico.

De modo creciente, el consumidor descuida responsabilidades y se aparta de actividades familiares, prefiriendo gastar su tiempo en consumir sólo o en compañía de otros consumidores.

Los consumidores empiezan a mostrarse cada vez más defensivos, reticentes, hostiles e incluso violentos, cuando han de dar cuenta de su conducta irresponsable. Su comunicación con el resto de la familia desparece.

Estos cambios acostumbran a ser internos, sutiles, casi imperceptibles al principio. Cada vez más, en la medida que el problema de las drogas continúa, la atención y la energía cambia desde sus propias necesidades, intereses y preocupaciones a los del consumidor.

¿Cómo saber si mi hijo consume drogas?


  • Cambios de comportamiento en el hogar relacionados con consumo de droga
    • Pérdida de interés en actividades familiares.
    • Falta de respeto hacia las reglas familiares.
    • Falta de respeto hacia las reglas familiares.
    • Aumento o pérdida notable en su apetito.
    • Falta de cumplimiento con las responsabilidades y tareas.
    • Falta de cumplimiento con la hora acordada para llegar a casa.
    • Tendencia a ser abusivo verbalmente o físicamente con terceros.
    • Desaparecen cosas de valor o dinero en la casa.
    • No quiere decirte dónde va.
    • Empieza a mentir sobre qué hace, con quién y dónde.
    • Ofrece excusas constantemente por mal comportamiento.
    • Pasa mucho más tiempo en su habitación.
    • Objetos raros en su habitación como: papel de fumar, pipas, discos de cristal, bolsitas de plástico...
  • Cambios de personalidad relacionados con consumo de droga
    • Signos de depresión. No quiere salir.
    • Empieza a insultar a los demás miembros de la familia.
    • Parece huir del ámbito familiar y de la gente a la que quiere.
    • Parece muy enfadado o confundido.
    • Sufre de paranoia o cambios muy bruscos y extremos en su estado de ánimo.
    • Parece preocupado, argumentativo y negativo.
    • Parece demasiado cansado o hiperactivo.
    • Excesiva rebeldía.
    • No parece tan feliz como antes.
    • Ya no habla de sus problemas personales.
    • Engaña, roba, miente.
    • Cambia de amigos.
  • Cambios en su aspecto físico
    • Huele a alcohol o marihuana.
    • Pierde o gana mucho peso de repente.
    • No se lava, no se peina parece descuidado.
    • No se preocupa por su aspecto físico.
    • No duerme ni come mucho, por lo que tiene aspecto de cansado.
    • Le falta energía.
  • Actividades sociales
    • Empieza a fugarse del colegio.
    • Abandona a sus viejas amistades y hace amigos que no conoces.
    • Pierde interés en las actividades escolares y empieza a sacar peores notas.
    • Se duerme en clase.
    • Pierde concentración y le cuesta acordarse de las cosas.
    • No hace sus deberes.
    • Cuestiona la autoridad de sus profesores y de sus padres.
    • Pierde interés en actividades deportivas u otros hobbies.
    • Le cuesta concentrarse.

Cuando nuestros hijos consumen, no es recomendable lo siguiente:


  • Perder la calma o las esperanzas.
  • Buscar un culpable
  • Hacer de policías vigilantes: Entre los valores que estimamos todos y en mayor medida los adolescentes son la libertad y la intimidad.
  • Los comentarios críticos y las opiniones malintencionadas: Se ha demostrado que por encima de la crítica, el REFUERZO POSITIVO es una herramienta que potencia mucho mejor el cambio y la reflexión.
  • Castigar, castigar y castigar.
  • Demostrar pasividad o desinterés.
  • Propiciar enfrentamientos cuando sospechamos consumo.

Es recomendable lo siguiente:

  • Pedir ayuda a un profesional.
  • Hablar, conversar, abrirnos.
  • Potenciar los tiempos compartidos.
  • Ser conscientes que estamos ante una persona con un problema.
  • No esconder los problemas.
  • Quererle como lo que es, nuestro hijo. Estar siempre ahí.

Cada persona presenta una historia única y una manera específica de comportarse en su medio. Una comprensión adecuada de la conducta requiere de una investigación de las pautas de uso/abuso de drogas y del estilo de vida del individuo.

Todo esto se realiza durante tres o cuatro sesiones, en la Evaluación clínica que tiene por objeto determinar la función que cumple la drogodependencia en la vida de la persona.

Como factor primordial se trabaja la motivación de la persona, para que adquieran un compromiso y alcancen el deseo de cambiar.

Después de la evaluación se le ofrece un plan de intervención, cuyo objetivo es ayudar a las personas a que reconozcan sus problemas y se enfrenten a ellos de una manera positiva.

Se parte de un modelo integrador en la intervención, donde se trabajan el cambio en el estilo de actuar, en las emociones generadas, al igual que en las creencias y atribuciones erróneas sobre lo que es el consumo de drogas.

El abordaje integral es el que realmente da respuesta a las necesidades de este tipo de pacientes, por lo que la coordinación entre los distintos profesionales que trabajan con el paciente (Psiquiatra, neurólogo, médico…) es una pieza clave en el tratamiento para obtener los mejores resultados.

El desarrollo de un proceso adictivo provoca un fuerte deterioro en el consumidor, pero también favorece una desestructuración a nivel familiar; que no solamente mina la salud física y psíquica de los familiares, sino que también provoca estados emocionales muy negativos que no permiten mantener una perspectiva clara a la hora de encontrar una vía adecuada en la solución de sus problemas.

Por esto nos parece muy importante el trabajo con las familias con el cual se pretende establecer las vías para una mejora progresiva de la situación, mediante la puesta en marcha de estrategias como establecimiento de límites, como capacidad para desarrollar una actitud de firmeza y claridad con el consumidor.

Se otorga especial importancia a las habilidades para mejorar sus estados emocionales reduciéndose el nivel de estrés familiar e incrementando el apoyo entre sus miembros con el objetivo de aumentar su bienestar.

Para potenciar todo el proceso de intervención, se hará especial hincapié en la prevención de recaídas y seguimiento.

La Prevención de recaídas, tanto con el paciente como con las familias, se utiliza como estrategia de trabajo fundamental, para aprender a no reaccionar de forma exagerada ante deslices y recaídas.


Psicología Adultos EOS